La gratitud, la memoria y los protagonistas
Agradecer a la vida misma, que me ha brindado los medios y las oportunidades para recorrer este camino. A mis padres, que hicieron posibles mis primeros pasos; a mi familia, a mi esposa y a mis hijos, que le dan sentido a cada nueva aventura.
No todo ha sido fácil, naturalmente. Pero he llegado a considerar que la gratitud tiene una virtud extraordinaria: cuando aprendemos a agradecer, incluso las experiencias más difíciles encuentran su lugar en la perfección de lo vivido.
Todavía me queda un largo trecho por recorrer y muchísimo por aprender. Cuánto tiempo tendremos para hacerlo es inevitablemente incierto. Pero mientras estamos aquí, tenemos la maravillosa posibilidad de disfrutar, descubrir y aprender a amar lo que tenemos.
En ese recorrido, la arquitectura ha ocupado un lugar muy especial.
Lo que comenzó siendo una pasión terminó convirtiéndose en mi refugio, en ese territorio de confianza al que siempre puedo regresar.
Y, como buen buscador de tesoros, encontré en la investigación, recopilación y difusión de la arquitectura moderna una aventura que, lejos de agotarse, se vuelve cada día más fascinante y enriquecedora.
En estos últimos años, mientras emprendía nuevas experiencias en el extranjero, la arquitectura volvió a cobijarme. Me permitió descubrir nuevas rutas, ampliar horizontes y compartir hallazgos con personas extraordinarias.
Porque, al final, lo más valioso de cualquier aventura no son solamente los lugares que descubrimos ni las obras que estudiamos, sino las personas que encontramos en el camino.
Este año celebro 25 años de ejercicio profesional, y quisiera dedicar una parte importante de esta celebración precisamente a ellas: personas que, desde sus propias inquietudes, convicciones y esfuerzos, vienen realizando aportes de especial trascendencia para el conocimiento, la valoración y la difusión de la arquitectura moderna.
Quiero comenzar reconociendo a tres arquitectos cuyos trabajos he tenido la fortuna de conocer de cerca y, en distintas circunstancias, el privilegio de acompañar.
Jaime Coronel Zegarra
La fascinante reconstrucción de la memoria arquitectónica de Lima
Desde hace más de una década, el arquitecto Jaime Coronel Zegarra viene desarrollando una labor de investigación y difusión tan generosa como extraordinaria.
Su interés por descubrir las historias que se esconden detrás de los edificios de Lima, particularmente aquellos construidos durante el siglo XX, ha permitido abrir una verdadera caja de Pandora.
Edificaciones cuyos autores permanecían prácticamente desconocidos, proyectos sobre los que existían escasas referencias y episodios olvidados de nuestra historia arquitectónica han comenzado a recuperar nombres, fechas, circunstancias y protagonistas.
Lo fascinante de su trabajo es que cada descubrimiento parece conducir a nuevas preguntas, ampliando continuamente las posibilidades de estudiar con mayor precisión y rigor la producción arquitectónica limeña.
Sus más de 3,000 publicaciones en Instagram constituyen un extraordinario repositorio de información, imágenes, referencias y hallazgos que merece ser conocido, consultado y valorado.
Pero quisiera destacar especialmente algo que considero fundamental: el carácter generoso y desinteresado de esta labor.
Porque investigar también es una forma de preservar, y compartir lo descubierto constituye, en sí mismo, un valioso servicio a la cultura arquitectónica.
Wiley Ludeña Urquizo
La arquitectura moderna y el reconocimiento de su trascendencia cultural
Otro trabajo que merece un reconocimiento especial es el desarrollado por el arquitecto e investigador Wiley Ludeña Urquizo.
Después de años de investigación, coordinaciones y perseverancia, Wiley viene impulsando una valiosa iniciativa orientada al reconocimiento y la protección patrimonial de la Torre del Reloj de Talavera, en Andahuaylas, una singular manifestación de la arquitectura moderna peruana.
Sin embargo, quisiera destacar un mérito que considero incluso más trascendente que el reconocimiento de una obra particular: su capacidad para identificar, investigar y poner en valor expresiones arquitectónicas que, por distintas circunstancias, han permanecido al margen de los relatos más difundidos de nuestra historia.
Su trabajo nos invita a cuestionar una mirada excesivamente concentrada en Lima y a reconocer que la modernidad arquitectónica peruana también se construyó en otros territorios, desde otras realidades culturales y con protagonistas que merecen ser conocidos.
Reconocer la arquitectura moderna en los Andes profundos es también ampliar nuestra comprensión del Perú.
Pero hay algo más que quisiera destacar: la generosidad de compartir el conocimiento y de convocar a otros profesionales a participar en esta tarea de investigación y descubrimiento.
He tenido recientemente la satisfacción de experimentar personalmente esa generosidad, que considero una de las virtudes más valiosas de quienes entienden la arquitectura no solamente como una profesión, sino también como un compromiso con la cultura y la sociedad.
El trabajo de Wiley constituye, en ese sentido, un referente especialmente valioso para futuras iniciativas de investigación, salvaguarda y difusión de nuestro patrimonio arquitectónico.
José Luis Colmenares
Frank Lloyd Wright y la búsqueda de los fundamentos de la modernidad
Finalmente, quisiera destacar el extraordinario trabajo de investigación que viene desarrollando el arquitecto José Luis Colmenares en torno a la vida y obra de Frank Lloyd Wright.
He tenido el privilegio de compartir con él una aventura editorial que nos ha permitido publicar ocho volúmenes de la serie El Epítome Americano: Frank Lloyd Wright, dedicada al estudio de su trayectoria y producción arquitectónica.
Más allá de la magnitud de una obra tan extensa y compleja, considero que uno de los mayores atributos de José Luis es su particular agudeza para investigar los antecedentes, la formación y las circunstancias que contribuyeron a configurar el pensamiento arquitectónico de Wright.
Su aproximación no se limita al estudio de los edificios como objetos aislados. Busca comprender las relaciones entre las experiencias personales, las influencias culturales, las transformaciones sociales y las ideas que dieron origen a una de las producciones arquitectónicas más trascendentales de la historia moderna.
Esta perspectiva permite reconocer a Wright no solamente como un creador excepcional, sino como un protagonista fundamental en la construcción de los principios que transformarían profundamente nuestra manera de comprender la arquitectura.
Compartir esta investigación ha sido, para mí, una experiencia de aprendizaje permanente. Cada nuevo volumen, cada discusión y cada descubrimiento nos recuerda cuánto queda todavía por estudiar, interpretar y comprender.
Y quizás esa sea una de las mayores satisfacciones de la investigación: descubrir que el conocimiento nunca termina de construirse.
Celebrar es también agradecer
Estos tres arquitectos, desde campos y aproximaciones diferentes, comparten algo que considero especialmente valioso: la convicción de que la arquitectura merece ser investigada, comprendida, preservada y compartida.
Sus trabajos nos recuerdan que la trascendencia de nuestra profesión no reside exclusivamente en proyectar o construir edificios. También está en descubrir sus historias, reconocer a sus protagonistas, comprender sus significados y contribuir a que ese conocimiento permanezca disponible para las generaciones futuras.
A lo largo de estos 25 años he aprendido que la arquitectura no es solamente aquello que hacemos. Es también una manera de observar el mundo, de relacionarnos con los demás y de encontrar sentido a nuestras propias experiencias.
Hoy, más que celebrar un aniversario profesional, quiero agradecer a quienes han hecho de este recorrido una experiencia profundamente humana.
A los que estuvieron desde el comienzo, a quienes llegaron después y a quienes todavía tendré la fortuna de conocer.
Porque aún queda mucho por descubrir, mucho por aprender y, seguramente, muchas historias por compartir.
Mientras tengamos la oportunidad de seguir caminando, que nunca nos falten la curiosidad, la gratitud y el entusiasmo por lo que hacemos.
25 años de arquitectura. Y la convicción de que lo más valioso sigue siendo aprender.



